No sé si esto se supera

He estado pensando en esto desde hace días.

Ayer vi un video de un chico en TikTok. Tenía 21 años, mostraba su setup, su departamento, sus ingresos. Ganaba más que yo a los 28. Hablaba con una seguridad que yo no tenía ni a los 25. Cerré la app y me quedé viendo el techo un rato.

No es la primera vez que me pasa.

Cuando salí de la universidad veía a mis amigos consiguiendo trabajos estables. Yo saltaba de proyecto en proyecto sin saber bien qué iba a pasar. Ellos ahorraban, se compraban cosas, publicaban fotos de sus oficinas. Y yo los veía y celebraba con ellos pero siempre quedaba ese nudo. Esa sensación de que ellos ya llegaron y yo todavía estoy en el camino.

Después conseguí el trabajo que tengo ahora. Remoto, en dólares. Un sueldo que el yo de 23 años ni siquiera imaginaba. Por un tiempo sentí que ya la había hecho.

Pero no.

Ahora no son mis amigos. Son chavitos de 19 años en YouTube que editan mejor que yo, que tienen más audiencia, que viven de lo que hacen. Son creadores en TikTok que a los 22 ya tienen un público fiel. Gente que ni conozco, que vive en otro país, que probablemente nunca voy a conocer. Pero ver su éxito me hace preguntarme si estoy haciendo algo mal.

Y luego está lo otro.

Hace unos meses subí una foto a Instagram. Terminé viendo perfiles de chicos de 20, 21 años, musculosos, marcados. Y yo aquí con obesidad. Sin constancia, sin consistencia. Sé lo que tengo que hacer, siempre lo he sabido. Pero batallo para hacerlo. La motivación llega en ráfagas y se va igual de rápido. Y pasan semanas sin mover nada.

Lo raro es que las cosas van bien. Objetivamente bien. Trabajo, esposa, techo, salud. No tendría por qué quejarme.

Pero la comparación no revisa tu situación antes de atacar. Aparece en una noche cualquiera, viendo TikTok, y te hace olvidar todo lo que has construido. Te deja solo con lo que otros tienen y tú no.

No estoy escribiendo esto porque haya encontrado la respuesta. Ni voy a decir que ya no me comparo. Mentiría. Sigo viendo esos videos, sigo viendo esos cuerpos, sigo sintiendo que voy detrás. Pero al menos ya no lo ignoro. Me detengo y pienso: esto está pasando, esto duele, está bien decirlo.

Tal vez la comparación no se supera. Tal vez solo se aprende a vivir con ella. Como un ruido de fondo que no puedes apagar pero puedes bajarle el volumen.

No sé si a los 30 siga sintiendo esto. Probablemente sí.

Pero hoy, escribiéndolo, pesa un poco menos.